(Fuente / Minería Chilena)

 

Ivan Violic es ingeniero civil de la Universidad de Chile, MSc. de la Universidad de Berkeley, y ha ejercido en importantes cargos en operaciones, proyectos y recursos humanos en la industria minera. Actualmente es Socio y Consultor Senior en Downing Teal Chile.

Este antiguo lema cobra nueva vigencia con los resultados del campeonato mundial de fútbol, el que inevitablemente ha estado en el foco de nuestras conversaciones en las últimas semanas. Queda una vez más demostrado que un conjunto de “estrellas” no logra sus objetivos sin un liderazgo que inspire una dirección clara, un espíritu de colaboración alineado hacia objetivos comunes y una fortaleza para sobreponerse a las contingencias negativas.

Sin embargo, estos conceptos, con los que la gran mayoría de las personas estarían de acuerdo, no son igualmente de común ocurrencia en todas las empresas o equipos, donde aún se observa que predominan los intereses personales, los conflictos de poderes y la falta de alineamiento o compromiso con los objetivos de la organización.


Las razones son diversas en cada ocasión, desde estructuras o roles organizacionales contrapuestos, a incentivos o sistemas de reconocimiento mal diseñados que generan conductas individualistas, potenciadas por la cultura actual que identifica el éxito en su logros materiales.

Como causa básica común, en la mayoría de esos casos se observa un estilo de liderazgo que permite que eso suceda en todos lo niveles de la organización; y nos preguntamos porqué continúa repitiéndose, cuando se hacen tantos talleres y hay innumerables libros y artículos escritos sobre ese tema. Parecería que la mayoría de esos instrumentos entregan conocimientos, pero no cambian conductas.

Muchos de nuestros esfuerzos en entrenamiento se enfocan en el saber qué hay que hacer, que es un ejercicio de nuestra dimensión intelectual. Pero en la práctica se requiere de la capacidad de hacer, que moviliza además otros aspectos de las personas que se relacionan con la dimensión emocional, y esa parte también se debe entrenar. Hay algunos que tienen innata esa dimensión emocional, pero otros requieren desarrollarla, estar atentos al entorno y a observar como impactan nuestras actuaciones, para saber conducirnos en forma que potencien nuestros objetivos y no lo obstaculicen. Por lo tanto, no nos quedemos en el ejercicio intelectual y pasemos a preocuparnos de su implementación, de cómo integrarlo en forma conciente inicialmente en nuestro accionar diario y eventualmente pasará a formar parte de nuestra manera de ser y de actuar.

Una aproximación simple al tema es reflexionar sobre la conocida frase: las personas no valen por lo que saben, sino que por lo que hacen con lo que saben.

 

(Fuente / Minería Chilena)