Fuente: Minería Chilena


Por Iván Violic

Hay innumerables estudios y datos que muestran que nuestra industria minera está perdiendo competitividad en el mercado global. Las causas son variadas y, sin ser muy exhaustivo, podemos mencionar la gradual baja de ley, el aumento de la razón estéril a mineral o la complejidad de la extracción a medida que se profundiza la explotación de los yacimientos, los altos costos de energía, el aumento del costo laboral producto de la escasez de personal capacitado y sus mayores expectativas, los nuevos requerimientos que significan los temas de sustentabilidad y de participación que esperan las sociedades donde se desarrollan las actividades.

Estos no son temas nuevos, ya vienen desde hace bastante tiempo y probablemente se mantendrán o incrementarán en el futuro.


Es fundamental revertir esta tendencia, contrarrestando la pérdida de competitividad con un aumento de la productividad. Eso requiere un mayor énfasis en innovación y avanzar en saltos cuánticos que van más allá del mejoramiento continuo de la actual forma de hacer las cosas. Sin embargo, cuando hablamos de innovación tendemos a enfocarnos solo en los cambios tecnológicos y nuevos equipos o maquinarias. Esa es una visión parcial de la innovación y nos olvidamos que hay un aporte que también puede ser significativo si aplicamos la innovación a otros aspectos que no requieren sofisticados niveles de ingeniería y ciencia. La innovación también debe alcanzar a todas las áreas de gestión de la empresa, su organización, sus sistemas de trabajo, sus relaciones laborales, su cultura corporativa y en general a todas las actividades que tienen un impacto significativo en los resultados financieros y otros factores que afectan la sustentabilidad de la empresa en el largo plazo.

Estas iniciativas son aplicables en todo el espectro de la empresa, desde las áreas directamente involucradas en la producción, hasta las empresas colaboradoras que también pueden innovar en la forma como ofrecen o prestan sus servicios. Es notable observar, por ejemplo, la diferencia en productividad de un equipo de trabajo motivado y comprometido, que aporta con sus ideas a mejorar o cambiar los procesos, en comparación con otros equipos que administran su rutina de siempre.

En temas de innovación siempre es valioso aprender de otras experiencias exitosas, en rubros diferentes a la minería, que han creado nuevos productos o servicios que a veces se anticipaban a las necesidades del cliente, y que tuvieron la virtud de pensar diferente, en cómo hacer las cosas de una manera distinta a cómo siempre se han hecho. En el escenario actual de cambios vertiginosos es sabido que los factores que nos llevaron al éxito presente no son los mismos que nos llevarán al éxito futuro, especialmente en un contexto cada vez más complejo y hasta desconocido. Esto exige líderes que salgan de la zona de confort y administren en forma efectiva los riesgos que implican los cambios.

Al reflexionar sobre el tema y enfocar nuestro nuevo curso de acción, pensemos en el viejo proverbio que dice: “El pesimista se queja del viento. El optimista espera que cambie. El líder orienta las velas”.